
Una manera básica de entender lo que hacen los mercados financieros es que estos sirven para encontrar el valor de flujos de efectivo futuros y este valor se refleja en el precio actual del mercado. Si las condiciones hacen que la seguridad con que estos flujos de efectivo se van a realizar aumente, sube el precio, y si sucede lo contrario, los precios bajan.
También existe un elemento de especulación presente en esto. Si a muchos les gusta un papel, el precio va a subir y se va a poder hacer una ganancia. Y todo esto sin importar si esta predilección está fundamentada en las perspectivas de los flujos. Muchas veces estos aumentos están basados en narrativas dudosas, pero que generan gran atractivo y capturan la imaginación de los inversionistas, influyendo en el “sentimiento” del mercado.
Estos elementos conviven día a día en los mercados. Así tenemos inversionistas que analizan flujos de largo plazo (los cuales tienden a generar mejores resultados) y también inversionistas que especulan con precios y el sentimiento del mercado para generar ganancias rápidas (los cuales ganan, pero también pierden).
En el caso de los Bitcoins, nos encontramos que la narrativa que va generar valor es una teoría conspirativa. La teoría es que el exceso de dólares en el mercado va crear una hiperinflación y que las personas van a necesitar un activo refugio para proteger sus ahorros y que la solución es comprar Bitcoins, de la misma manera que el dólar fue el activo refugio cuando el gobierno en 1999 destruyó al sucre. Esto ignora que los mercados financieros tienen excelentes herramientas para manejar la inflación, ignora además que no existe ningún peligro de hiperinflación (mucho peor sería en este momento una escasez de dólares) e ignora que el dólar es la principal moneda de reserva internacional, la que soporta el comercio mundial.
¿Cuál es la consecuencia de todo esto para los Bitcoins?
Al no haber ni flujos ni una propuesta de generación de valor coherente, el precio del Bitcoin depende puramente de cuanta gente esté dispuesta a meterle dinero, o sea, de especuladores y apostadores, lo cual hace que el precio de los Bitcoins sea extremadamente volátil, más parecido a una casa de apuestas que a un nuevo mercado financiero. ¿Es posible hacer dinero? Claro que sí, pero a nadie se le ha pasado por la cabeza insinuar que ir a un casino es una manera sensata de invertir a largo plazo.
Cabe aclarar que la tendencia a una mayor digitalización financiera es imparable. Bancos centrales están explorando el desarrollo de monedas digitales, lo cual sin duda responde a demandas de una mayor digitalización financiera. La tecnología blockchain, que nos permite registrar transacciones de manera descentralizada, está impulsando la innovación a través del desarrollo de nuevas técnicas de digitalización financiera, principalmente usando el ecosistema Ethereum (un blockchain que ofrece la capacidad de desarrollar aplicaciones financieras), donde se está viendo un brote de nuevas ideas. Esto nos indica que la digitalización financiera tiene un largo camino por delante. Simplemente, existen oportunidades con mejores perspectivas de generación de valor, tanto en el mercado financiero como en el ambiente cripto, que comprar Bitcoins.





