
Este período fue un año de contrastes: mientras Ecuador logró un rebote económico marcado por mayor liquidez e inversión energética, el mundo enfrentó aranceles disruptivos, dudas sobre una posible burbuja tecnológica y tensiones comerciales crecientes. Un año que reconfiguró el tablero económico dentro y fuera del país.
Crecimiento coyuntural

En 2025, el Banco Central del Ecuador proyecta un crecimiento del PIB de 3,8%, superior a la estimación inicial, lo que marca un rebote tras la contracción de 2,8% en 2024 ocasionada por la crisis energética y choques externos. El Banco Central del Ecuador (BCE) identifica a la demanda interna como el motor principal de la expansión, así como observa un repunte en la inversión pública y privada, especialmente en infraestructura y energía, que contribuye a consolidar la recuperación. Sin embargo, el organismo advierte que este crecimiento es coyuntural, ya que para 2026 se prevé una desaceleración con un incremento de apenas 1,8%. Esperemos que este ritmo de crecimiento se pueda mantener en el 2026 y no sea solo un efecto rebote.
Mayor liquidez y caída del riesgo país

En este año, Ecuador experimentó un notable alivio financiero gracias a la fuerte caída del riesgo país, que descendió de más de 1.900 puntos en abril de 2024 a 595 en noviembre de 2025, el nivel más bajo desde 2019. Paralelamente, la liquidez total (M2) alcanzó los USD 97.449 millones en octubre de 2025, impulsada por el ingreso de más de USD 2.000 millones en remesas durante el segundo trimestre y un crecimiento del 11% en exportaciones no petroleras como cacao, camarón y flores. Con mayores depósitos y reservas, las entidades financieras ampliaron su capacidad de otorgar préstamos, generando un entorno de financiamiento más accesible. Este escenario trajo consigo créditos más baratos, aplausos del FMI, aumento de los montos negociados en el Mercado de Valores y una expansión de liquidez que respaldó el crecimiento económico.
Adiós al subisidio del diesel

En septiembre de 2025, el Gobierno tomó la decisión histórica de eliminar el subsidio al diésel, vigente por más de 50 años y considerado un tabú en la política del país. La medida permitirá liberar alrededor de USD 1.100 millones anuales, además de reducir el contrabando de combustibles y fomentar un uso más eficiente de la energía. Sin embargo, el anuncio provocó protestas, especialmente de sectores agrícolas dependientes del diésel. El Gobierno de Daniel Noboa logró algo que políticamente había sido imposible para sus predecesores, pero con un costo importante en su popularidad.
Producción petrolera a la baja

La producción petrolera en Ecuador sufrió un marcado declive, con un promedio de 467.800 barriles diarios, muy por debajo de la meta oficial de 500.000, debido a fallas técnicas en campos como Sacha y Auca, paralizaciones por la erosión del río Coca y el cierre progresivo del ITT. Esta caída se agravó por la crisis estructural de Petroecuador, que ejecutó un 84% menos inversión en exploración y producción, despidió a más de 1.300 trabajadores, enfrentó el incendio en la Refinería de Esmeraldas y tuvo que importar más combustibles, llegando a gastar casi lo mismo en derivados que lo recibido por exportar crudo. La inestabilidad administrativa, con siete gerentes en dos años, reflejó la falta de gobernanza y continuidad, mientras el país perdió ingresos fiscales superiores a USD 1.000 millones. El declive petrolero y la crisis de Petroecuador evidencian un modelo agotado, con graves repercusiones económicas y políticas para la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Los polémicos aranceles de Trump

En abril de 2025, el presidente estadounidense Donald Trump declaró el llamado “Liberation Day”, imponiendo aranceles generalizados a las importaciones que provocaron un fuerte choque inicial en la economía mundial, con una caída histórica de USD 6,6 billones en Wall Street en apenas dos días, desplome del comercio y tensiones diplomáticas. A finales de este año, el impacto de estas tarifas se evalúa como mixto, dado que después del shock inicial produjo una estabilización parcial con la inflación contenida y los precios en línea con promedios históricos gracias a ajustes en cadenas de suministro y sustitución de importaciones. Sin embargo, uno de los efectos más visibles ha sido la creciente fragmentación comercial, pues los países, han optado por negociar acuerdos bilaterales directamente con EE.UU., debilitando a foros multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el G20.
Inteligencia artificial: ¿boom o burbuja?

Durante 2025, las grandes tecnológicas estadounidenses como Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Nvidia han intensificado un fenómeno de financiación cruzada al invertir en startups de inteligencia artificial y en proyectos de sus propios competidores, lo que ha generado una concentración de capital dentro de un ecosistema cerrado donde las empresas dependen unas de otras para sostener sus valuaciones. El riesgo es que, si una empresa clave sufre pérdidas o incumple pagos, el efecto dominó se propague rápidamente a las demás, amplificado por el endeudamiento masivo que también expone a los bancos, generando un posible problema sistémico. Aunque algunos inversionistas sostienen que el sector mantiene fundamentos sólidos gracias a la demanda real de IA y semiconductores, las altas valoraciones y la interconexión financiera hacen que el riesgo de una burbuja tecnológica sea real.
Desaceleración en China

En este período, la economía china creció un respetable 5,3% interanual en el primer semestre, aunque el consumo interno y el sector inmobiliario permanecieron rezagados; de hecho, el desplome del mercado de vivienda y la caída de la inversión en construcción se convirtieron en uno de los principales frenos. En contraste, China alcanzó exportaciones récord, principalmente en sectores estratégicos como vehículos eléctricos (26% de crecimiento), baterías (23%) y energías limpias, apoyados por una política industrial que busca autosuficiencia tecnológica en semiconductores y liderazgo en la transición energética e inteligencia artificial. Sin embargo, este dinamismo externo convive con un fenómeno de “canibalismo” empresarial: compañías que necesitan descuentos agresivos para sobrevivir, generando una erosión de márgenes, con el riesgo de quiebras masivas y una deflación prolongada que afecte la estabilidad financiera. Esto ha beneficiado a países que compran tecnología china, pero ha encendido las alarmas en países desarrollados, dado que el país asiático se está consolidando como el principal proveedor de tecnología del planeta. Algo que en el Ecuador lo podemos ver claramente en el sector automotriz, por ejemplo.





