
No es coincidencia que al mismo tiempo que el crecimiento económico colapsó (-7,3% para el 2020 en América del Sur, según proyecciones de Cepal), los políticos al mando han tambaleado en Latinoamérica.
En Perú, la crisis política se ha traducido a un catastrófico manejo de la pandemia y ha llevado a un candidato que no pertenece a los círculos tradicionales y que está afuera del consenso económico de los últimos años a la Presidencia.
En Colombia, un país que desde finales del siglo pasado ha estado en manos de conservadores, las protestas están imparables. Y en Chile, la Constitución va a ser reformada después de intensas y violentas manifestaciones, con un Presidente que está en los mismos niveles de popularidad que tuvo en su momento Lenín Moreno.
Cabe recordar que estos 3 países eran el máximo ejemplo a imitar según ciertos analistas, ya que venían con buen ritmo de crecimiento económico hasta hace algunos años siguiendo todas las recetas ortodoxas al pie de la letra. Sin embargo, la baja de los precios de las materias primas y el impacto de la pandemia desnudaron graves deficiencias que ahora están pasando factura a los gobernantes de turno. Esto sumado a los altos índices de desigualdad que afectan también a esos 3 países.
Por otra parte, sorprendentemente Venezuela (país que no solo no ha crecido, sino que ha decrecido a niveles espectaculares) ha ganado algo de estabilidad en los últimos meses, fruto de la dolarización inminente que vive.
Descartando teorías
Entonces, para entender la situación es necesario descartar “teorías” como la existencia de una conspiración internacional izquierdista que busca desestabilizar, sino que hay que tener en cuenta que está ocurriendo lo que siempre sucede cuando el crecimiento económico colapsa. Esto es: protestas por aumento de precios (subir precios cuando el crecimiento es alto no afecta tanto como hacerlo cuando el crecimiento económico es negativo, es lo primero que se debería de enseñar en las universidades), inseguridad, inestabilidad política, inflación, baja de calidad en los servicios públicos (crudamente expuesto por la pandemia) y migración, son síntomas de una economía que se contrae.
Por estas razones, el crecimiento económico es considerado como un pilar fundamental de la paz social alrededor del mundo. Tanto es así que el Partido Comunista Chino lo aprecia como uno de los indicadores clave para garantizar su permanencia en el poder, por lo que su publicación es uno de los eventos importantes del acontecer económico mundial. Y no es difícil imaginarse la razón, dado que una economía que está con ritmo de crecimiento sostenido es la que normalmente logra sacar a una mayor cantidad de personas de la pobreza, lo que a su vez garantiza la estabilidad política.
Esto convierte a China en el país comunista más exitoso en este aspecto, superando al período en el que Stalin, de manera brutal, industrializó la Unión Soviética. En Latinoamérica, Cuba nunca priorizó el crecimiento económico, lo que dejó a La Habana convertida en un museo y a la antigua izquierda latinoamericana indiferente al tema. Esto último ha hecho difícil asociar a la izquierda con el crecimiento económico, lo cual ha tenido también consecuencias electorales. Pero esto no significa que no lo puedan priorizar a futuro, como lo vemos en Bolivia.
La reactivación mundial está presionando los precios de las materias primas al alza (cabría reflexionar por qué América Latina sigue produciendo solo materias primas para el mercado mundial, pero eso es otro tema) y la vacunación abre las perspectivas de recobrar nuestro potencial productivo. Esperemos que este aumento sea sostenible, para poder recobrar un ritmo de crecimiento que nos traiga paz y capacidad de volver a sacar gente de la pobreza.
Fuentes:





