
Para analizar uno de los temas de los que más se habla en el país es necesario mirar más allá de las cifras y entender algunos aspectos claves a través estas preguntas:
¿Qué es el subempleo?
Al hablar de subempleo estamos refiriéndonos a la gente que trabaja a tiempo parcial o con ingresos menores al salario mínimo, que no aporta de manera regular a la Seguridad Social y que, en general, no goza de todas las protecciones y beneficios a los que tienen derecho los trabajadores bajo la legislación vigente.
¿Qué tan grave es el asunto?
Para entender la dimensión del problema es importante ver las cifras. La población económicamente activa (PEA) se encuentra alrededor de los 8,2 millones de personas, mientras que la cantidad de trabajadores con empleo adecuado se encuentra alrededor de 3,2 millones. Es decir, que la falta de un empleo de calidad que cumpla con todas las protecciones y beneficios de ley es una realidad para casi 5 millones de ecuatorianos, teniendo en cuenta a los desempleados.
¿Por qué se dice que es un problema estructural?
Decimos que es un problema estructural porque la falta de empleo formal existe independientemente de la coyuntura económica reinante. Así vemos que, durante el año 2014, que es el año con subempleo más bajo de los últimos años, el porcentaje se ubicaba alrededor del 40%. Es decir, que ni el programa de inversión gubernamental más ambicioso, producto de una bonanza petrolera que también trajo de la mano un boom en la construcción, pudo hacer mella en la existencia del subempleo. A lo mucho, se produjo una baja pasajera.
¿Tiene algo que ver la estructura productiva del país?
Según cifras oficiales, el sector de la agricultura es el que tiene un mayor impacto en la generación de empleo, pues representa alrededor del 29%. En los últimos años siempre se ha mantenido superior al 24%, lo que nos quiere decir que es el sector que genera más empleo de manera constante, independientemente de los precios del petróleo, programas de inversión estatales y otras vicisitudes con las que tenemos que lidiar en la economía ecuatoriana.
No es necesario entonces hacer una regresión econométrica para darnos cuenta que las realidades del sector de la agricultura tienen una repercusión importante sobre las características y la calidad del empleo en el país. Por lo tanto, en este sector, por su naturaleza cíclica y las realidades de cada cultivo, es difícil generar empleos que requieran que sus trabajadores cumplan con las 40 horas semanales. En el campo el empleo es cíclico para la gran mayoría.
Un segundo aspecto tiene que ver con la productividad. El sector agricultor ocupa casi al 30% de la población, pero genera menos del 10% del PIB. Es decir, que hay un problema de productividad del empleo, el cual se puede ver de manera precisa analizando la producción agrícola del país. La incapacidad de los distintos gobiernos para generar políticas públicas capaces de aumentar la productividad de todo el sector se ve evidenciada también cuando se analiza la calidad de empleo.
¿Qué se puede hacer frente al subempleo?
La solución que más se escucha en el medio como la mejor medida contra el subempleo plantea relajar y flexibilizar las leyes laborales. Sin embargo, esto podría causar un problema político y no cambiaría la naturaleza del trabajo en el sector agrícola. En cambio, políticas que apunten a aumentar la productividad de este sector definitivamente tendrían un alto impacto, dado que mejoraría la situación de ingresos con un positivo impacto social. Estas medidas tendrían repercusiones importantes en las estadísticas de calidad de empleo a nivel nacional.
Concluyendo, vemos que el subempleo es uno de los tópicos constantes de la economía ecuatoriana, de ahí la extrañeza que causa cada vez que se publican sus cifras y cuando aparecen analistas sorprendidos por esta “noticia”. Y es que se trata de una constante en la economía ecuatoriana que, como vemos, revela problemas estructurales mucho más profundos.





