
Ecuador es un país rico en recursos naturales; sin embargo, muchos no logramos entender cómo este potencial no se traduce en mayores ingresos y en un mejor nivel de vida. Parte de la explicación viene por entender cómo nuestros propios recursos naturales podrían estar afectando nuestro desarrollo. Al respecto, Moisés Naím, economista venezolano, es directo y afirma: “El petróleo empobrece. Los diamantes, el gas y el cobre también. Los países pobres que cuentan con abundantes recursos naturales suelen ser subdesarrollados”. Y nos parece que tener esto en cuenta es muy importante para entender lo que ha pasado en el país los últimos años y también para poder diseñar la política económica en el futuro.
Es que la mecánica de la maldición de los recursos se ha repetido varias veces, en diferentes tiempos y con diferentes pueblos, pero siguiendo siempre el mismo esquema cuando los ingresos petroleros se convierten en el motor de la economía. La cantidad de dinero que atrae el petróleo aparece prácticamente de la nada y muchos empresarios privados se dan cuenta que el camino para hacer ganancias rápidas se traduce en servir a los sectores vinculados a la explotación petrolera.
Si el Estado es el dueño de los recursos, como en el caso de los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), esta lluvia de dinero se traduce en inversión en infraestructura para el país -acompañado de corrupción- y en dádivas para la población, lo cual beneficia al sector de la construcción y a los empresarios que sirven el mercado interno. El empleo aumenta, los sueldos empiezan a subir también. Al ver que aumenta el nivel de ingresos, el Estado suele aumentar su nivel de endeudamiento, dado que su perfil de crédito mejora en los mercados internacionales. Los bancos ven las tasas de crecimiento y expanden el crédito. La inflación crece, apoyada por el aumento de ingresos en la población y aumento del dinero circulante.
Sin embargo; no todo es color de rosa. En lo productivo, los exportadores no petroleros ven como suben sus precios de producción por inflación, impuestos y sueldos altos, lo cual se vuelve muy difícil de manejar si sus productos exportables son bienes con precios volátiles en el plano internacional. En lo político, la popularidad de los que están en el poder sube, dado que la población ve un aumento importante en su nivel de vida, lo cual tiende a revelar tendencias autoritarias en los gobernantes de turno. ¿Les parece conocido?
Y de pronto bajan los precios del petróleo y, como dijo Warren Buffett: “Solo con la marea baja puedes ver quienes nadaban desnudos”. Las empresas privadas bajan sus ventas y los constructores no pueden vender sus proyectos. La gente se demora más en pagar sus deudas. Las empresas que tenían contratos con el Estado se ven en aprietos financieros porque no tienen cómo cobrar. El valor de la moneda se desploma y el Banco Central se ve enfrentado al problema de tener una inflación galopante y un alto nivel de endeudamiento. Al perder el motor que movía a la economía, el crecimiento cae porque simplemente los ingresos son menores. Por estas razones, Juan Pablo Pérez, aquel venezolano que tuvo la idea de viajar a Arabia Saudita para fundar la OPEP, se refería al petróleo como el “excremento del diablo”.
En nuestro país, algunos efectos tradicionales de la enfermedad no se han sentido esta vez, como devaluación, inflación y crisis bancarias (gracias a la dolarización), pero otros evidentemente se han manifestado. Para variar, los especialistas no suelen estar de acuerdo en cómo solucionar esta maldición. Muchos creen que se tienen que formar fondos de ahorro, otros creen que tiene que haber un fortalecimiento de las instituciones. Sin embargo; también estamos los que creemos que, si bien los ya nombrados no hacen daño, la manera más efectiva viene del lado de la ampliación del rol de las exportaciones no petroleras en la economía. Un país donde haya un porcentaje mucho mayor de trabajadores involucrados en actividades independientes del petróleo y del mercado interno sería un freno natural no solo a la elevación de los costos de producción, sino también a las tendencias autoritarias de los gobernantes de turno. Un país donde los productos no petroleros estén en capacidad permanente de traer mayor cantidad de dólares que el Estado, ayudaría a fortalecer el rol del sector privado. Una política económica que considere esto, iría en la dirección correcta y aseguraría la dolarización en el largo plazo.





