

La llegada del Covid-19 a Guayaquil, una de las primeras ciudades del continente en ser azotada por la pandemia, no debería generar verguenza. Es más bien un testimonio de las profundas conexiones con el mundo de la ciudad, conexiones que tienen precedentes en la historia de otras ciudades y repúblicas que destacan por su profunda conexión con la actividad marítima.
Por ejemplo, la República de Venecia fue una de las primeras en ser azotada por la Peste Negra en la Edad Media, dado que era el punto neurálgico de los contactos comerciales entre Europa y Medio Oriente.
Es innegable que por su calidad de puerto, la ciudad de Guayaquil comparte características que han estado presentes a lo largo de la historia en ciudades como Cártago, Hamburgo, Génova y Venecia. Según el historiador Andrew Roberts, en su libro “Seapower States”, estas se caracterizaban por ser repúblicas (con división de poderes), el rol preponderante del comercio, la tolerancia religiosa, la apertura al mundo y un enfoque en la creación de la riqueza. Esto en contraste con poderes terrestres, donde la extensión de la tierras, la estabilidad de la aristocracia, la ortodoxia religiosa y el tamaño del ejército tenían prioridad.

Foto: Cámara Marítima del Ecuador
La importancia del comercio es preponderante en la historia de estos grandes puertos, tal y como lo es también en Guayaquil. Por esta razón, los habitantes de esta urbe siempre han tenido su mente puesta en el mundo, no solo para exportar los frutos de la fértil cuenca del río Guayas, sino también para conocer y adoptar ideas innovadoras de otros lados. Así vemos que fue en Guayaquil donde nacieron los primeros bancos, aseguradoras y bolsas de valores del país. No hay que olvidar que una de las razones que llevaron a los ciudadanos a declarar su independencia eran las restricciones al comercio marítimo impuestas por la monarquía, que afectaban el sustento de la población.
El intercambio de productos genera también una cultura de apertura hacia otras costumbres y religiones. Por eso en Guayaquil vemos personas de antepasados chinos, árabes, europeos y africanos rondando las calles de la ciudad, así como migrantes de todos los rincones del Ecuador y Latinoamérica, cuyos antepasados usualmente fueron atraídos por las oportunidades comerciales que ofrece esta urbe.
En materia religiosa, las ciudades puerto jamás se han caracterizado por ser cuna de dogmatismos y más bien siempre han tratado de manera civilizada las diferentes creencias. La independencia resalta este punto, dado el rol que tuvo la masonería guayaquileña en la gesta independentista del 9 de Octubre.
La declaración de independencia de Guayaquil dice mucho de nuestra tradición marítima. La ciudad se levantó contra la monarquía, buscando la independencia total, proclamándose “Provincia Libre”, ante lo cual los bolivarianos empezaron a expresarse de ella como “republiquita”. Seguramente les pesaba que un territorio de América del Sur se haya independizado por sí solo y pueda seguir el ejemplo de repúblicas marítimas como la serenísima Venecia o la hanseática Hamburgo.
El enfoque cultural de la ciudad en el comercio, finanzas, la adopción de nuevas tecnologías, la tolerancia y la migración, atestiguan un parentesco con los grandes puertos de la historia. Pero aún queda como un gran reto explotar estos valores al máximo. Una ciudad de movilidad social, donde la gente puede llegar de cualquier lado y usar su capacidad comercial para aumentar su nivel de vida, es lo que debe hacer palpitar el corazón de quienes apreciamos el espíritu que une a los guayaquileños.
Como comerciante guayaquileño, como una más de las tantas personas que venden e invierten, pero que también compran entre el río y el estero, solo me queda agradecer el tener el privilegio de desarrollar mis actividades en esta ciudad, con los ojos en el río y la mente en el mundo.
¡Que viva Guayaquil en sus 200 años de independencia!





