
Básicamente, una calificación de riesgo es la opinión sobre la capacidad de pago de una empresa que ha emitido un título valor y que implica un compromiso de pago.
Estas opiniones las hace una institución denominada calificadora de riesgos y que cuenta con analistas capaces de valorar riesgos financieros. Para esto, las empresas que desean emitir valores deben presentar informes sobre la viabilidad financiera de la compañía, basados en expedientes de auditoría y en los planes de crecimiento del management, además del análisis del entorno en que la empresa se desenvuelve.
A nivel internacional existen 3 calificadoras de riesgos que clasifican las emisiones de papeles: Moody’s, Standard & Poors y Fitch, conocidas como las “Big Three”. Estas manejan un sistema de clasificación en diferentes categorías, siendo usualmente AAA la más segura (la probabilidad de pago es alta) y la categoría C la más riesgosa, la D significa “default”, es decir, que ese papel se encuentra impago.
Cada calificadora tiene sus propias categorías, con diferentes detalles y matices. Cabe aclarar, las calificaciones de riesgo son básicamente para papeles de renta fija, dado que la renta variable no implica una promesa de pago para cumplir a rajatabla.
En los EE.UU, solo existen 2 empresas AAA: la farmacéutica Johnson & Johnson y el gigante de software Microsoft. Gigantes como Pfizer, Coca Cola y ExxonMobil perdieron esta calidad en los últimos años y, Apple, una de las empresas con mayor valor de bolsa, tiene una calificación de riesgo de AA+.
Un papel de renta fija tiene grado de inversión (Investment Grade) cuando la calificadora considera que el emisor tiene una capacidad suficientemente buena de cumplir con sus pagos como para que bancos e inversionistas conservadores puedan considerarlos dentro de sus portafolios.
En los mercados desarrollados, los títulos valor con grado de inversión suelen tener una calificación de triple B para arriba, mientras que los papeles que no cumplen con esta condición son para inversionistas más arriesgados. Esto es relevante a la hora de determinar los costos de financiamiento de las empresas: las empresas con grado de inversión son más seguras, por lo tanto, van a tener un costo menor de financiamiento. Mientras que las empresas que son más riesgosas van a tener que pagar más a los inversionistas como medida de compensación, por ser consideradas riesgosas.
Un ejemplo claro de esto último lo podemos ver, sin irnos muy lejos, al comparar los bonos internacionales de Perú con los de Ecuador. El Perú, a pesar de su inestabilidad política y del embate de la pandemia, mantiene su grado de inversión, con lo que se puede financiar de manera barata cuando sea necesario, mientras que Ecuador, al no tener grado de inversión, tiene limitaciones para financiarse a nivel de mercados por sus altos costos de financiamiento, con el “Efecto Lasso” incluido. Todo esto porque se percibe que invertir en el Ecuador es mucho más riesgoso que hacerlo en Perú, hasta el momento.
¿Qué pasa en el mercado ecuatoriano?
En nuestro país, por otra parte, existen alrededor de 6 calificadoras de riesgo. Y la distribución de calificaciones de riesgo en títulos de deuda, con datos del primer trimestre del 2021, se ve así:

Como verán hay una concentración de calificaciones de riesgo en el mercado de valores ecuatoriano con la calificación AAA que representa más del 50% de los diferentes tipos de renta fija que se emiten en el país.
Aunque no es una categoría oficial, podríamos decir que las empresas calificadas como AAA y AA son las que conceptualmente se denominan con grado de inversión.
Sin embargo, un factor importante que hay que tomar en cuenta a la hora de evaluar empresas para conformar los portafolios de inversión es que actualmente existe una notoria concentración de calificaciones y que, aunque en teoría una empresa haya sido calificada como AAA, en la práctica hay otras que pueden ser más triple A que esa.
Esto, porque se deben considerar y analizar también aspectos fundamentales como el orden financiero de la empresa, su administración y no solo las ventas generadas. Una asesoría adecuada durante todo el proceso de inversión podría ayudarle con esos aspectos y ahorrarle incertidumbre sobre la calidad de la empresa.
¿Significa entonces que no se debe tomar en cuenta las calificaciones de riesgo? Para nada. La calificación de riesgo está obligada por ley a publicar opiniones que cumplan ciertos requerimientos, lo cual permite conocer explícitamente temas centrales de la administración de la empresa y comparar con otros emisores.
Es ahí cuando predomina la calidad del análisis que se haga y la capacidad del asesor de inversiones para poder discernir acerca de cuál emisión es más sólida. Ese análisis y conocimiento del mercado del administrador de portafolios se vuelve uno de los principales elementos de éxito a la hora de incursionar en el mercado. Lastimosamente, no todos los inversionistas buscan una asesoría de calidad u opciones de inversión sólidas y es ahí cuando se presentan los problemas.
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