
Los últimos meses, con el recrudecimiento de la pandemia en medio de una agitada campaña electoral, nos dejaron noticias y acontecimientos que nos permiten hacer un análisis más allá de la coyuntura. Eventos que nos dan señales acerca de la realidad del Ecuador de hoy, sin importar la tendencia que llegó al poder.
Polarización y desconexión social
Preocupa lo que separa a los ecuatorianos. Especialmente en la primera vuelta, se escuchaba comentarios en redes sociales tales como “la gente es pobre porque quiere” o “hay segmentos de la población que están con el socialismo”. Así mismo los de la otra orilla hablaban mucho de los banqueros y empresarios, como si todas esas personas estuvieran involucradas necesariamente en una confabulación para tomarse el poder.
Ciertamente esto evidencia una desconexión entre los segmentos que conforman la sociedad, dado que existen grupos que parecen carentes de empatía, incapaces de ponerse en los zapatos de esas otras personas con las que no comparten una misma realidad socioeconómica. Esto, porque al mismo tiempo se han armado imágenes caricaturescas del otro, un perfil reforzado por las burbujas de información a través de las redes sociales. Esta desconexión social, que dificulta a que personas con diferentes realidades e ideas compartan y lleguen a acuerdos, es la principal razón de la polarización actual. Y son los políticos quienes saben explotar esa desconexión para lograr votos.
El Estado como botín
Si algo han dejado los últimos casos de corrupción como evidencias, es el método de los políticos y los funcionarios públicos para aprovecharse de sus cargos y lucrar con el dinero de todos, ya sea mediante compras públicas, adjudicación de contratos y colusión con privados, para extraer de los dineros de la gente rentabilidades increíbles para sus bolsillos. Pero esta no es la única manera de haberle sacado ventajas al Estado, dado que también lo hicieron los ‘vacunados vip’, también los que en medio de unos déficits gigantes quieren que les bajen los impuestos o los que destruyen infraestructura como carreteras o plantas petroleras para reclamar su tajada.
Como dice el destacado analista peruano Alberto Vergara: “Todo el mundo quiere arrancharle algo al Estado”. Vivimos en una sociedad donde todos quieren algo del Estado, pero nadie quiere pagar su parte. “Que les cobren a los otros, a mí no” parece ser la filosofía vigente.
Entonces, parece que el Ecuador está viviendo en una sociedad desconectada entre sus grupos, donde la idea de aprovecharse del Estado está profundamente enraizada sin importar a qué grupo se pertenezca. Dependerá de este nuevo Gobierno poner el ejemplo para que la corrupción acechante en la función pública no siga siendo ese mal del que nos seguimos quejando después de casi 200 años como república.





